Slow Food Slow Food Donate Slow Food Join Us
 
 

Para saber más   |   Actualidad

|

English - Français - Italiano - Español - Deutsch
 
 

Búsqueda

   
   
 
 
 
 
Slow Fish - Le poisson bon, propre et juste
 

Búsqueda

Inserir una o varias palabras para buscar los artículos correspondientes


 

Slow Fish en acción


Slow Fish a Terra Madre Salòn del Gusto 2016

A finales de septiembre, me encontraba rodeado de un millar de personas que formaban algo que podríamos describir como una rebelión alimentaria bien organizada en la orilla norte del río Po en Turín, Italia.

 

Cada dos años, el movimiento internacional Slow Food organiza un evento en esta ciudad llamado Terra Madre, una celebración que reúne a productores y pescadores a pequeña escala. Estábamos rodeados de tierras agrícolas situadas a la sombra de los Alpes y, aunque Turín no parecía el lugar ideal para hablar sobre pescado, pero eso no nos detuvo. Al margen de las aglomeraciones y de los puestos de comida nos reunimos pescadores, vendedores de pescado y activistas sobre la pesca. Juntos compartimos nuestra visión sobre los problemas que afronta la pesca a pequeña escala y sobre las formas de solventarlos.

 

El encuentro de Slow Fish durante el Terra Madre Salone del Gusto de Slow Food que se celebró en Turín.

 

Los tres temas principales del evento de este año fueron: la privatización de los océanos, experiencias de éxito de pescadores de todo el mundo; y un taller sobre cómo crear una etiqueta ecológica libre para la pesca a pequeña escala. Puede que este artículo sea muy largo, pero en realidad estoy ofreciendo instantáneas de una larga conversación de tres días entre pescadores que creen en su futuro.

 

El primer día del evento, Astrid Alexandersen, una joven activista de la ONG danesa y africana Afrika Konakt, ofreció su crítica sobre el comercio del carbono azul, un negocio en el que una red formada por el gobierno, empresas y ONG grandes esperan generar 3 billones de dólares como mínimo en créditos de carbono. Según Alexandersen, diversas organizaciones están prometiendo que van a recuperar los pantanos, los manglares y los estuarios del planeta, aunque el objetivo no es reducir la producción de carbono sino generar créditos que se venderán en el mercado de carbono internacional. « Esta solución no arregla nada », dijo Alexandersen.  No supone ningún cambio. Tan solo desplaza el problema y restringe aún más el bien común.» Alexandersen afirmó que se están promoviendo los proyectos de recuperación de pantanos a gran escala como acciones beneficiosas tanto para las empresas como para el medio ambiente, pero que se está excluyendo a los pescadores que trabajan con bancos de pesca tradicionales. «Esto ha supuesto la expulsión de comunidades enteras», dijo.

 

Los proyectos de carbono azul, promovidos por organizaciones como The Nature Conservancy, la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos) y el Banco Mundial, parecen estar avanzando bajo consignas ecologistas que, según  Slow Fish, son falsas. Michèle Mesmain, de Slow Fish, cree que los objetivos reales de los partidarios del carbono azul (es decir, la privatización y monetización de la riqueza de los océanos) están ocultos tras el lenguaje que utilizan.  «Debemos desarrollar herramientas de lenguaje», dijo, refiriéndose básicamente a herramientas para la interpretación, que permitan sonsacar el mensaje real oculto tras un discurso engañoso diseñado para convencer a la gente de que retener al medio ambiente como rehén a cambio de créditos de carbono es nuestra mejor opción. «Deben dejar de destruir ecosistemas valiosos porque es lo correcto» dijo Alexandersen. Muchos de los asistentes mencionaron que los ecosistemas saludables producen más pescado para los pescadores.

 

La cineasta Mathilde Jounot fue más allá del acaparamiento del océano con un documental, The Voice of the Invisible (Las voces del invisible), que describe cómo grandes ONG, de común acuerdo con gobiernos y prestamistas internacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional (FMI), compran deuda de naciones de islas pequeñas a cambio de establecer un Área Marina Protegida (AMP) que a menudo excluye a los pescadores. El intercambio de «deuda por naturaleza» puede parecer correcto desde lejos, afirma la cinta de Jounot, pero concede la jurisdicción sobre los recursos marinos de una nación a ONG extranjeras.

 

Un pescador tunecino muestra cómo hacer una red tradicional de paja para el método de pesca charfia.

 

Durante el segundo día del evento hubo muchas sonrisas mientras pescadores de todo el mundo compartían sus experiencias de éxito. Varios pescadores sudafricanos, excluidos del programa de gestión de cuotas de su país, ganaron un caso en la corte que describió su exclusión como una "violación de los derechos humanos". Es un paso en la buena dirección, aunque los pescadores aún están esperando su cuota. «Muchos de nosotros aún estamos pescando de forma ilegal, hasta que obtengamos nuestra cuota», dijo Nico Waldeck, uno de los miembros de la organización Abalobi. Varios pescadores de otras partes del mundo hablaron sobre la pesca de restitución, sobre la reconstrucción de las conexiones culturales y sobre la protección de los recursos ante la explotación depredadora.  Tammy Lem, de Vancouver, describió un proceso nuevo para negociar con éxito con todas las partes interesadas. «Para empezar, dejamos la distribución de cuotas fuera de la mesa y nos centramos en los ecosistemas», afirmó.

 

En una intervención interesante sobre la gestión local, Michèle Mesmain habló sobre la «captura por la élite del proceso», en referencia a cómo a veces los pescadores más productivos pueden dominar la gestión local para bien o para mal. « Es importante que no sean los charlatanes los que lleven las riendas,» dijo Abdoulaye Ndiaye del Senegal. «Aunque puede que yo sea uno de esos», añadió entre risas. Tras ese día optimista, personas que trabajan en lugares alejados por todo el mundo se dieron cuenta de que forman parte de un esfuerzo global que quiere asegurar el futuro de la pesca a pequeña escala y de la cultura de la pesca.

 

Pero el pescado debe ir al mercado y los pescadores a pequeña escala se preguntaban cómo podían diferenciar su producto del de la pesca industrial y obtener un rendimiento mayor. La discusión empezó con la idea de una "etiqueta ecológica abierta" y duró todo el día, con espacio para el desacuerdo, que estaba dividido en dos visiones dominantes. Una minoría ruidosa afirmó que deberíamos crear una etiqueta ecológica con una tercera parte certificadora pagada por los pescadores. Este sistema es parecido al atribulado Marine Stewardship Council (MSC), el certificado para alimentos marinos "sostenibles" más conocido de todos. En el extremo opuesto, la gente argumentó en contra de cualquier tipo de programa de etiquetado que se pareciera al MSC. «Toparía con las mismas dificultades: tener que certificar pesquerías dudosas para poder mantener el negocio perdiendo así su credibilidad», dijo un asistente. «Además », dijo otro, « las ecoetiquetas nos fuerzan a seguir el lenguaje de las pesquerías industriales. ¿Es eso lo que queremos? ¿Queremos acceder a los mercados de productos básicos?» Hubo respuestas muy diversas a esta pregunta. En zonas escasamente habitadas con mucho pescado, como Islandia o Alaska, sí: los pescadores necesitan acceder a estos mercados, pero en otros lugares no es necesario. «No hay una solución solamente», dijo Mesmain. «Hay muchas.»

 

El encuentro de Slow Fish durante el Terra Madre Salone del Gusto de Slow Food que se celebró en Turín.

 

Tras ocho horas de debate, con algunas posturas inamovibles en los dos extremos y con mucha flexibilidad en medio, terminamos el día deambulando y preguntamos a una treintena de personas lo siguiente: ¿qué es lo más importante para que un sistema que diferencie nuestros productos en el mercado funcione? Curiosamente, las ideas que más se repitieron (como "un discurso cohesivo", "conexión" o "conocer a los pescadores") giran en torno a la palabra que más se dijo: la "narración".

 

Por eso terminaré este artículo con una historia y su moraleja. Mientras deambulaba por el evento, conocí a una joven mexicana que vendía jarras de miel de 4 onzas por veinte dólares cada una. «Es medicinal», me dijo. «La hacen abejas de la jungla que están en peligro de extinción.» La creí y compré la miel, aunque el precio parecía alto. Pero luego tomé un poco cuando empecé a tener dolor de garganta y este desapareció. Así que la compra había valido la pena. La moraleja: si queremos ese producto inusual, tenemos que proteger esas abejas; si queremos que nuestro pescado y marisco sea saludable, tenemos que proteger a nuestros pescadores.

 

Autor Paul Molineaux

Originalmente publicado en Fishermen' Voice

 


Paul Molyneaux

|







Participa a la discusión


   
Nombre
 
E-mail
 
Comentario
   

Control de seguridad

Inserir las dos palabras propuestas en el campo de texto. Este sistema sirve para evitar el correo basura.

 
 
 


 

¿Que es?

En esta sección rendimos un homenaje a todos los hombres y las mujeres de nuestras redes: pescadores, acuicultores, cocineros, consumidores, periodistas, educadores, voluntarios, socios de convivium y tantos otros que con sus pequeños y grandes gestos se activan para producir y consumir pescado de manera responsable.

Quien desee contar su propia historia puede hacerlo escribiendo a: slowfish@slowfood.com

 

Últimos artículos
 
 
Slow Fish | Partners Lighthouse Foundation. Fondazione Slow Food per la Biodiversità ONLUS
 
 
 

Slow Food - P.IVA 91008360041 - All rights reserved

Powered by Blulab