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Zied Ezzedine

Regreso a la charfia

Tunisia | Sfax | Kerkennah

¿Quién de ustedes conoce la charfia? Se trata de una técnica de pesca típica del archipiélago de las Kerkennah, espléndidas islas a lo largo de la costa oriental tunecina.


El término charfia se traduce literalmente como "casa de la muerte", aunque no obstante el nombre, tan explícito como cruento, causa un impacto ambiental muy bajo y es un ejemplo de pesca tradicional sostenible: un sistema de pesca fijo, formado por hojas de palma que, ajustadas y entrelazadas, crean una suerte de laberinto dentro del cual el pez sigue nadando hasta llegar a una nasa de la que ya no puede salir, y en la que será capturado. De esta forma los pescadores seleccionan su pescado fácilmente, teniendo cuidado para recoger los peces más grandes y liberar de inmediato a los más pequeños.

 

Al igual que tantas otras técnicas tradicionales la charfia está desapareciendo por diferentes razones: la disminución de las reservas de pescado a causa del incremento de la pesca intensiva, las dificultades de los pescadores de pequeña escala para obtener permisos, el desinterés de los jóvenes por un oficio considerado poco productivo por el mercado global.

 

Ciertamente, respecto del volumen la charfia no puede competir con la pesca industrial y, si es éste el criterio, entonces no queda mucho por decir. Pero pescar significa también administrar el mar, conocerlo y respetar sus tiempos, por mucho que a nosotros nos resulten menos familiares que los terrestres. En efecto, el hecho de que no comprendamos muchas dinámicas no quiere decir que el mar no sea un ecosistema complejo y delicado, y sobre todo no nos autoriza a saquearlo como si sus destinos no nos concernieran.


En Kerkennah hay algunos que crecieron con el respeto por el mar sito en un primer lugar: es el caso de Zied Ezzedine, 27 años y una familia de pescadores a sus espaldas.



«Tenía 12 años cuando comencé a solicitar de mi padre que me permitiera acompañarlo a pescar: debía despertarme a las cuatro de la mañana pero no me importaba, me desvelaba pensando en el momento en que llegaran las vacaciones escolares para poder ir con él. Al principio él acaso pensara que yo era demasiado pequeño para la vida en el mar, pero al final cedió ante mi insistencia y pude acompañarlo y echarle una mano con las labores más ligeras. Iba con él y lo veía emplazar las nasas y seleccionar los pescados uno a uno, con cuidado de devolver al mar a los más pequeños. No hablo de hace 100 años, pero puedo testimoniar en primera persona cómo entonces los mares nos ofrendaban más peces, nada que ver con los resultados que obtenemos hoy», nos cuenta Zied con un entusiasmo verdaderamente contagioso. «En años sucesivos comencé a salir con mi tío en embarcaciones que capturaban pescado para la transformación industrial. Él tenía una barca mayor que la de mi padre, pescaba más y vendía a precios más altos. Trabajar con él fue una experiencia muy importante desde el punto de vista profesional, y me permitió a los 16 años ser un pescador experto y en condiciones de gobernar una pequeña embarcación; sin embargo, entonces yo había ya visto técnicas diferentes y decidido mi regreso a la charfia».

 

El pescado que se captura con esta técnica ha servido desde siempre básicamente para el autoconsumo, y aún hoy en el mercado solo se vende la parte excedente; desafortunadamente, la concentración de la industria pesquera en estos territorios ha causado una fuerte disminución de la capacidad de la población isleña para autosostenerse.

 

«Soy pescador y conozco la importancia de construir buenas redes entre las comunidades en el territorio, tanto a nivel global como local: en las Kerkennah hemos puesto en marcha la cooperativa Baraka, que trabaja con pesca y con agricultura. Conseguimos organizarnos para vender todo nuestro pescado de forma autónoma y directa en los mercados regionales, con el fin de obtener márgenes mayores y menos presiones sobre las cantidades producidas. Además, nos estamos organizando para proteger mejor nuestros lugares de pesca y evitar que los grandes pesqueros destruyan nuestras trampas con las redes de arrastre. En tierra, sin embargo, los socios de la cooperativa cultivan productos para el consumo local y otros de más alto valor añadido a fin de complementar los ingresos. Por otra parte, necesitamos mantener el cultivo de la palma para obtener las hojas a entretejer para la charfia y continuar la tradición que ha nutrido a nuestra comunidad a lo largo de toda nuestra historia».

 



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